El ABCD del melanoma y los lunares: detectar el peligro a tiempo

El cáncer de piel en general y el melanoma en particular han aumentado en frecuencia en forma alarmante en las últimas décadas.

El melanoma es un tumor maligno de la piel que se origina en los melanocitos, las células que le dan color a nuestra piel y la protegen contra los rayos solares.  Los lunares son lesiones formadas por un conjunto de melanocitos, por eso son oscuros. 

Todas las personas tenemos lunares y la mayor parte de estos son benignos y normales.  Sin embargo, algunos pueden transformarse en un melanoma.

Es muy importante que hagamos un examen periódico de nuestra piel para saber si estamos en riesgo de tener melanoma.

¿Quiénes son las personas  que tienen más riesgo de tener melanoma?

El melanoma está causado por la exposición al sol, factores genéticos o hereditarios y el tipo de piel.

La exposición cotidiana a dosis bajas de radiación solar acumuladas a lo largo de nuestras vidas es dañina y puede ocasionar otras formas de cáncer de piel.  El melanoma se relaciona más con exposiciones intensas e intermitentes.  El antecedente de una quemadura solar en la infancia aumenta el riesgo considerablemente, al igual que la exposición frecuente al sol y el uso de camas de bronceado.

En cuanto a la herencia, sabemos que aquellas personas cuyos familiares (padres, hermanos,  hijos) hayan tenido melanoma tienen un riesgo más elevado que quienes no tienen este antecedente.

La melanina, el pigmento que producen los melanocitos, protege a la piel de los rayos solares, por eso las personas más susceptibles de tener melanoma son aquellas de piel clara, más aún si tienen también el cabello y los ojos claros.

Tener muchos lunares (más de 50) es un indicador de riesgo de melanoma.  No solo su número, también sus características son importantes.  Para saber que lunares pueden ser peligrosos hay cuatro características en las que uno debe fijarse.  Para recordarlas más fácilmente se les llama ABCD:

A: Asimetría.  Un lunar debe ser simétrico, de manera que si lo dividiéramos por la mitad con una línea cada parte tendría que ser muy parecida a la otra.

B: Bordes.  Los bordes de un lunar deben ser nítidos y bien delimitados.  Las irregularidades son un signo de preocupación.

C: Color.  Los lunares deben tener un color uniforme. No importa cual sea.  Los lunares que tienen diferentes colores deben ser revisados.

D: Diámetro.  El punto de corte son 6 mm (como el diámetro de la goma de borrar de un lápiz).  Lunares mayores ameritan ser examinados por un experto.

Ninguno de estos cuatro signos, ni siquiera la presencia de todos ellos en un lunar, son indicativos de que este sea maligno.  Simplemente son criterios que deben ser evaluados por un dermatólogo.  Este tiene el entrenamiento y la tecnología para decidir que lesiones son benignas y cuales deben ser extraídas para su análisis.

Otros aspecto importante son los cambios que un lunar sufre. Si alguno está creciendo, cambiando de forma o color, si molesta o duele puede ser un signo de alerta.

El melanoma es 100% curable si se detecta en sus fases más tempranas.  En fases más tardías la probabilidad de curación baja notablemente, y en fases avanzadas es incurable y mortal.  Por eso es tan importante su detección oportuna.